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Meet the GNU contributors in person at the GNU Hackers' Meeting!

The 8th GNU Hackers' Meeting takes place in Munich, Germany from 15–17 August 2014. It spans three days, and comprises talks about new GNU programs, status of the GNU system and news from the free software community.

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Esta es una traducción de la página original en inglés.

El Proyecto GNU

por Richard Stallman

Publicado por primera vez en el libro Open Sources. Richard Stallman nunca ha apoyado el «código abierto» («open source»), pero contribuyó con este artículo para que en el libro no estuvieran totalmente ausentes las ideas del movimiento del software libre.

Por qué ahora es más importante que nunca insistir en que el software que usamos debe ser libre.

La primera comunidad que comparte software

Cuando empecé a trabajar en el Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) en 1971, pasé a formar parte de una comunidad que llevaba muchos años compartiendo software. El hábito de compartir software no se limitaba a nuestra comunidad en particular; es una práctica tan antigua como los ordenadores mismos, así como compartir recetas de cocina es tan antiguo como cocinar. Nosotros, sin embargo, lo hacíamos en mayor medida.

En el laboratorio de inteligencia artificial se usaba un sistema operativo de tiempo compartido llamado ITS (sistema de tiempo compartido incompatible), que había sido diseñado y escrito en lenguaje ensamblador por los hackers empleados del laboratorio(1) para el PDP-10, uno de los ordenadores más grandes de la época fabricado por la empresa Digital. Como miembro de esta comunidad y hacker empleado del laboratorio, mi trabajo consistía en mejorar dicho sistema.

No llamábamos «software libre» a nuestro software porque ese término todavía no existía, pero era exactamente eso. Cuando alguien de otra universidad o de una empresa quería adaptar un programa para utilizarlo, se lo permitíamos de buen grado. Si se veía a alguien usar un programa que era desconocido e interesante, siempre se le podía pedir que nos mostrara el código fuente para poder leerlo, modificarlo o tomar partes del mismo para hacer otro programa.

(1) El uso del término «hacker» para referirse a un «violador de la seguridad» es un malentendido provocado por los medios de comunicación masiva. Nosotros los hackers rechazamos ese significado y continuamos usando la palabra para designar a alguien a quien le gusta programar, alguien que disfruta de la inteligencia lúdica, o la combinación de ambos. Veáse mi artículo On Hacking (en inglés).

El colapso de la comunidad

La situación cambió drásticamente a comienzos de los años ochenta cuando la empresa Digital interrumpió la fabricación de la serie PDP-10. Su arquitectura, elegante y poderosa en la década de los sesenta, no podía adaptarse de forma natural a los amplios espacios de direccionamiento ya factibles en los años ochenta. Por consiguiente, casi todos los programas que integraban el sistema ITS resultaban obsoletos.

La comunidad hacker del laboratorio de inteligencia artificial ya se había desintegrado no mucho antes. En 1981 la compañía derivada Symbolics contrató a casi todos los hackers del laboratorio, y la comunidad diezmada no pudo sobrevivir. (En el libro Hackers, Steve Levy describe estos hechos, a la vez que ilustra el esplendor de esta comunidad en sus comienzos). Cuando el laboratorio compró un nuevo PDP-10 en 1982, en lugar de utilizar el sistema de uso compartido de ITS, los administradores optaron por el sistema de Digital, que no era libre.

Los modernos ordenadores de aquella época, como el VAX o el 68020, tenían sus propios sistemas operativos, aunque ninguno de ellos era software libre: había que firmar un acuerdo de no divulgación incluso para obtener una copia ejecutable.

En otras palabras, el primer paso para poder utilizar un ordenador era prometer que no se ayudaría al prójimo. Se prohibía la existencia de una comunidad cooperativa, y los dueños del software privativo establecieron la siguiente norma: «si compartes con tu prójimo, eres un pirata. Si quieres algún cambio, tendrás que rogarnos que lo hagamos».

La idea de que el sistema social del software privativo —un sistema que impide la práctica de compartir o modificar el software— es antisocial, contrario a la ética, sencillamente incorrecto, puede sorprender a algunos lectores. Pero ¿qué otra cosa podríamos decir de un sistema cuyo fundamento es la disgregación y la indefensión de las personas? Es probable que estos lectores den por supuesto el sistema social del software privativo, o que lo juzguen en función de los términos planteados por las empresas que desarrollan software privativo. Los distribuidores de software se han esforzado mucho y durante mucho tiempo para convencernos de que no existe otra manera de abordar el tema.

Cuando los distribuidores de software hablan de «ejercer» sus «derechos» o de «acabar con la “piratería”», lo que dicen es en realidad secundario. El verdadero mensaje se esconde en suposiciones tácitas que ellos dan por sentadas, y pretenden que el público las acepte sin cuestionamientos. Vamos a examinarlas.

Una de las suposiciones es que las empresas de software tienen el derecho natural e incuestionable a poseer el software, y por lo tanto a detentar el poder sobre todos los usuarios (si se tratara de un derecho natural, no podríamos objetar nada, independientemente del perjuicio que esto causara al público). Lo interesante es que la Constitución de los Estados Unidos de América y el derecho tradicional rechazan este punto de vista. El copyright no es un derecho natural sino un monopolio artificial impuesto por el Estado que limita el derecho natural de los usuarios a copiar.

Otra suposición no declarada es que la importancia del software reside únicamente en el tipo de tareas que nos permite realizar, que a nosotros los usuarios de ordenadores no nos tiene que importar el tipo de sociedad que nos permite construir.

Una tercera suposición es que no dispondríamos de software útil (o que nunca tendríamos un programa para realizar tal o cual tarea en particular) si no le otorgáramos a una empresa la facultad de ejercer poder sobre los usuarios del programa. Esto puede haber sonado plausible antes de que el movimiento del software libre demostrara que se puede desarrollar muchísimo software útil sin necesidad de ponerle cadenas.

Si decidimos no aceptar tales suposiciones y analizamos estas cuestiones según criterios morales corrientes y el sentido común, poniendo a los usuarios en primer lugar, llegaremos a conclusiones muy distintas. Los usuarios de ordenadores han de ser libres de modificar los programas para ajustarlos a sus necesidades y de compartir el software, porque la cooperación con los demás constituye la base de la sociedad.

No se dispone aquí del espacio necesario para explayarnos en el razonamiento que hay detrás de esta conclusión, por ese motivo solicito al lector que consulte las páginas http://www.gnu.org/philosophy/why-free.html y http://www.gnu.org/philosophy/free-software-even-more-important.html.

Una dura elección moral

Al desaparecer mi comunidad, me resultó imposible continuar como antes. Tuve que enfrentar una dura elección moral.

La opción más fácil era unirme al mundo del software privativo firmando acuerdos de no divulgación y prometiendo no ayudar de mis compañeros hackers. Es muy probable que también hubiera tenido que programar software que se entregaría bajo acuerdos de no divulgación, incrementando así la presión para que otras personas también traicionaran a sus compañeros.

Podría haber ganado dinero de esa manera, y tal vez me hubiese entretenido escribiendo código, pero sabía que al final de mi carrera echaría la vista atrás y vería los muros que habría construido para dividir a las personas, sentiría que había usado mi vida para hacer del mundo un lugar mucho peor.

Ya había estado del lado de los que padecen los efectos de los acuerdos de no divulgación. Fue cuando alguien se negó a entregarnos, a mí y al laboratorio de inteligencia artificial del MIT, el código fuente del programa de control de nuestra impresora (la ausencia de ciertas características en ese programa convertía el uso de la impresora en una experiencia sumamente frustrante). De modo que no podía engañarme a mí mismo pensando que los acuerdos de no divulgación fuesen inofensivos. Monté en cólera cuando aquel individuo se negó a compartir con nosotros; no podía cambiar mi posición y hacerle lo mismo a todos los demás.

Otra posibilidad, sencilla pero desagradable, era abandonar el campo de la informática. De esa manera no se usarían mis habilidades para mal, pero aún así quedarían desperdiciadas. Yo no sería culpable de dividir y restringir a los usuarios de ordenadores, pero sucedería de todos modos.

Así que comencé a meditar sobre la manera en que un programador podría hacer algo para bien. Me pregunté: «¿Existe algún programa o programas que yo pueda escribir para resucitar a nuestra comunidad?».

La respuesta fue clara: lo primero que se necesitaba era un sistema operativo. Ese es el software crucial para comenzar a usar un ordenador. Con un sistema operativo se pueden hacer muchas cosas; sin él, el ordenador ni siquiera funciona. Con un sistema operativo libre, podríamos armar una nueva comunidad de hackers e invitar a todos a unirse. Y cualquiera podría utilizar un ordenador sin tener que conspirar desde el principio para privar de esta posibilidad a sus amigos.

Como programador de sistemas operativos tenía las aptitudes necesarias para esa labor, y aunque no podía estar seguro de lo que lograría, me di cuenta de que había sido elegido para realizarla. Opté por hacer el sistema compatible con Unix para que fuera portable, y para facilitar el cambio a los usuarios de Unix. Siguiendo una tradición de los hackers, se eligió el nombre «GNU» como acrónimo recursivo de «GNU No es Unix» (GNU's Not Unix).

Un sistema operativo no implica solo un núcleo, apenas suficiente para ejecutar otros programas. En los años setenta, todo sistema operativo digno de llamarse así incluía programas tales como procesadores de comandos, ensambladores, compiladores, intérpretes, depuradores, editores de texto, gestores de correo y muchos otros. ITS los tenía, Multics los tenía, VMS los tenía, y Unix los tenía. El sistema operativo GNU también los incluiría.

Más adelante escuché estas palabras, atribuídas a Hillel (1):

Si yo no me ocupo de mí, ¿quién lo hará?
Y si sólo me ocupo de mí, ¿qué soy?
Y si no es ahora, ¿cuándo?

La decisión de comenzar el Proyecto GNU se basó en un sentimiento similar.

(1) Como ateo, no sigo a ningún líder religioso, pero a veces admiro algo que ha dicho uno de ellos.

«Free» en su acepción de «libertad»

La expresión «free software» a veces se malinterpreta, no tiene nada que ver con el precio [1]. Se trata de la libertad. He aquí la definición de software libre.

Un programa es software libre para usted como usuario particular, si le ofrece las siguientes libertades:

Dado que nos referimos a la libertad y no al precio, no existe contradicción alguna entre la venta de copias y el software libre. De hecho, la libertad para vender copias es crucial: las colecciones de software libre que se venden en CD-ROM son importantes para la comunidad, y es una buena manera de recaudar fondos para el desarrollo de software libre. Por lo tanto, si no se tiene la libertad para incluir un programa en dichas colecciones, ese programa no es software libre.

A causa de la ambigüedad del calificativo «free», la gente ha estado buscando alternativas durante mucho tiempo, pero nadie ha encontrado un término más adecuado. La lengua inglesa es de las más ricas en lo que a palabras y matices se refiere, pero carece de un término simple e inequívoco para «libre» en su acepción de «libertad». La palabra cuyo significado más se aproxima es «unfettered» (sin cadenas). Otras alternativas como «liberated» (liberado), «freedom» (libertad) y «open» (abierto) no significan lo mismo o presentan otros inconvenientes.

Software de GNU y el sistema GNU

El desarrollo de un sistema completo es un proyecto de gran envergadura. Para hacerlo más viable, decidí adaptar y utilizar partes de software libre ya existentes siempre que fuera posible. Por ejemplo, desde el principio decidí usar TeX como principal compaginador de texto, y unos años más tarde decidí usar el sistema X Window en lugar de escribir otro sistema de ventanas para GNU.

Debido a estas decisiones y a otras similares, el sistema GNU no es lo mismo que la colección de todo el software de GNU. El sistema GNU incluye programas que no son software de GNU, programas que fueron desarrollados por otras personas y otros proyectos para sus propios fines, pero que nosotros podemos utilizar porque son software libre.

El inicio del proyecto

En enero de 1984 renuncié a mi empleo en el MIT y comencé a escribir software para GNU. Fue necesario abandonar el MIT para que la institución no interfiriera con la distribución de GNU como software libre. De haber continuado como parte del personal, el MIT habría podido reclamar la titularidad sobre la obra e imponer sus propios términos de distribución, o incluso transformarla en un paquete de software privativo. No tenía ninguna intención de hacer un trabajo enorme solo para que después resultara inútil para lograr mi objetivo: crear una nueva comunidad para compartir software.

No obstante, el Profesor Winston, por entonces director del laboratorio de inteligencia artificial del MIT, tuvo la amabilidad de invitarme a que continuase utilizando las instalaciones del laboratorio.

Los primeros pasos

Poco antes de comenzar el Proyecto GNU, oí hablar del Free University Compiler Kit (Kit compilador de la universidad libre), también conocido como VUCK (la palabra holandesa equivalente a «libre» comienza con una V). Se trataba de un compilador diseñado para manejar múltiples lenguajes, entre ellos C y Pascal, y compatible con ordenadores de objetivos múltiples. Le escribí al autor para pedirle el permiso de utilizarlo en GNU.

Me respondió burlonamente, diciendo que la universidad era free, pero no el compilador [2]. Por lo tanto, decidí que mi primer programa para el proyecto GNU sería un compilador multilenguaje y multiplataforma.

Para evitar tener que escribir todo el compilador desde cero, obtuve el código fuente del compilador Pastel, que era multiplataforma y había sido desarrollado en el Lawrence Livermore Lab. El compilador soportaba y estaba escrito en una versión ampliada de Pascal, diseñada para usarse como lenguaje de programación de sistemas. Le agregué una interfaz para C y comencé a adaptarlo al ordenador Motorola 68000, pero tuve que abandonar la idea al descubrir que el compilador necesitaba demasiados megabytes de espacio, mientras el sistema Unix 68000 admitía solo 64k.

Noté que el compilador Pastel analizaba por completo el fichero de entrada transformándolo en un árbol sintáctico, después convertía todo el árbol en una cadena de «instrucciones» generando luego todo el fichero de salida, sin liberar en ningún momento el espacio ocupado. Así, concluí que tendría que escribir un nuevo compilador desde cero. Se trata del compilador que se conoce ahora como GCC; no hay nada del compilador Pastel en él, pero logré adaptar y usar la interfaz para C que había escrito. Pero eso sucedió años más tarde, antes trabajé en el desarrollo de Emacs de GNU.

Emacs de GNU

Comencé a trabajar en Emacs de GNU en septiembre de 1984, y a principios de 1985 ya comenzaba a ser utilizable. Esto me permitió empezar a utilizar sistemas Unix para las tareas de edición. Como nunca me interesó aprender a usar vi ni ed, hasta entonces había editado en otro tipo de máquinas.

En aquel momento ya había personas que comenzaban a mostrarse interesadas en usar Emacs de GNU, lo que planteó la cuestión de cómo distribuirlo. Por supuesto, lo puse en el servidor anónimo ftp del ordenador del MIT que yo usaba (a raíz de ello, ese ordenador —el prep.ai.mit.edu— se convirtió en el principal sitio de distribución ftp de GNU, y cuando fue retirado unos años después, transferimos el nombre a nuestro nuevo servidor ftp). Pero en aquella época muchas de las personas interesadas no tenían acceso a Internet y por lo tanto no podían obtener copias por ese medio. ¿Qué decirles?

Podría haberles dicho: «Busca un amigo que esté en la red y que te haga una copia». O podría haber hecho lo mismo que hiciera con el Emacs original para PDP-10, decirles: «Envíame una cinta y un sobre prefranqueado y con tu dirección, te lo devolveré por correo con una copia de Emacs». Pero como no tenía trabajo y estaba buscando la manera de ganarme la vida con el software libre, anuncié que enviaría la cinta a quien me la pidiera a cambio de ciento cincuenta dólares. Fue así que inicié una empresa de distribución de software libre, precursora de las que hoy en día distribuyen enteros sistemas GNU/Linux.

¿Un programa es libre para cualquier usuario?

Si un programa es software libre cuando sale de las manos del autor, esto no significa necesariamente que seguirá siendo software libre para todos los que posean una copia del mismo. Por ejemplo, el software de dominio público (software que no está sujeto a copyright) es software libre, pero cualquiera puede tomarlo y hacer a partir de él una versión modificada privativa. Lo mismo ocurre con muchos programas libres que están sujetos a copyright pero se distribuyen bajo simples licencias permisivas que autorizan el desarrollo de versiones modificadas privativas.

El ejemplo paradigmático de este problema es el sistema de ventanas X. Programado en el MIT y publicado como software libre con una licencia permisiva, fue rápidamente adoptado por varias empresas informáticas que añadieron X a sus sistemas Unix privativos —en formato binario únicamente— y lo pusieron bajo el mismo acuerdo de no divulgación. Así, estas copias de X pasaron a ser software privativo, tal como lo era Unix.

Los desarrolladores del sistema de ventanas X no consideraban que esto fuese un problema, esperaban y buscaban que sucediese. Su meta no era la libertad sino solo el «éxito», medido en función del número de usuarios. No les preocupaba si esos usuarios tenían libertad o no, solo que fueran numerosos.

Esto condujo a una situación paradójica: dos maneras distintas de medir el grado de libertad daban por resultado dos respuestas distintas a la pregunta «¿Es libre este programa?». Si se juzgaba en base a la libertad que otorgaban las cláusulas de distribución de la versión publicada por el MIT, se podía decir que X era software libre. Pero si se medía la libertad del usuario medio de X, se podía concluir que X era software privativo. La mayoría de los usuarios de X utilizaba las versiones privativas que venían con los sistemas Unix, no la versión libre.

El copyleft y la GPL de GNU

El objetivo de GNU era otorgar libertad a los usuarios, no simplemente alcanzar la popularidad. Para ello teníamos que aplicar términos de distribución que impidieran que el software de GNU pudiera ser convertido en software privativo. El método que empleamos se denomina «copyleft» (1).

El copyleft hace uso de la ley de copyright, pero le da la vuelta de modo que sirva para una finalidad opuesta a la habitual: en lugar de ser un medio para restringir un programa, se transforma en un medio para preservarlo como software libre.

La idea central del copyleft es que le otorgamos a todo el mundo el permiso para ejecutar el programa, copiarlo, modificarlo y redistribuir versiones modificadas; pero no le damos permiso para añadirle restricciones por su cuenta. De esta manera, las libertades cruciales que definen el «software libre» quedan garantizadas para todo aquel que posea una copia; estas libertades se transforman en derechos inalienables.

Para que el copyleft sea efectivo, las versiones modificadas también deben ser libres. Esto garantiza que toda obra basada en la nuestra quedará disponible para la comunidad si llegara a publicarse. Cuando los programadores que trabajan como empleados en el campo de la programación se ofrecen como voluntarios para mejorar software de GNU, es el copyleft lo que impide que sus empleadores les digan: «No puedes compartir esos cambios porque los queremos usar para crear nuestra versión privativa del programa».

La exigencia de que los cambios deben ser libres es esencial para preservar la libertad de todos los usuarios del programa. Las empresas que privatizaron el sistema de ventanas X, generalmente realizaron algunos cambios para adaptarlo a sus sistemas y a su hardware. Estos cambios fueron pequeños comparados con la envergadura de X, pero no triviales. Si hacer cambios fuera una excusa para denegar libertad a los usuarios, cualquiera podría fácilmente aprovecharse de esa excusa.

La combinación de un programa libre con código que no es libre plantea un problema similar. Inevitablemente, tal combinación no será libre; cualesquiera sean las libertades que le falten a la parte que no es libre, le faltarán también al todo. Permitir tales combinaciones abriría un agujero lo suficientemente grande como para hundir un barco. Por consiguiente, una función crucial del copyleft es tapar ese agujero: cualquier cosa que se añada o se combine con un programa que esté cubierto por el copyleft, debe ser adecuada para que la versión combinada total también sea libre y también esté bajo copyleft.

La implementación específica de copyleft que usamos para la mayoría del software de GNU es la Licencia Pública General de GNU (GNU General Public License) o GPL de GNU, para abreviar. Tenemos otros tipos de copyleft para circunstancias específicas. Los manuales de GNU también están bajo copyleft, pero es un copyleft mucho más simple, porque la complejidad de la GPL de GNU no es necesaria para los manuales (2).

(1) En 1984 o 1985, Don Hopkins (un compañero muy imaginativo) me envío una carta. En el sobre había escrito varios dichos graciosos, entre ellos el siguiente: «Copyleft — todos los derechos reversados»[3]. Utilicé la palabra «copyleft» para denominar el concepto de distribución que estaba desarrollando en aquella época.

(2) Ahora para la documentación usamos la Licencia de documentación libre de GNU (FDL de GNU).

La Free Software Foundation

A medida que crecía el interés por el uso de Emacs, otras personas se involucraron en el proyecto GNU, y decidimos que había llegado el momento de volver a conseguir fondos. Con ese objetivo, en 1985 creamos la Free Software Foundation (FSF), una organización sin ánimo de lucro exenta de impuestos que se dedica al desarrollo de software libre. La FSF también se hizo cargo de la distribución de Emacs, y más adelante comenzó a añadir en las cintas otros programas libres de GNU (además de otros que no eran de GNU) y a vender manuales libres.

La mayor parte de los ingresos de la FSF provenía de la venta de copias de software libre y otros servicios relacionados: CD-ROM con código fuente, CD-ROM con los binarios, elegantes manuales impresos (todos con la libertad para redistribuirlos y modificarlos) y distribuciones de lujo con toda la colección de software lista para usar en la plataforma preferida del cliente). Hoy en día la FSF continúa con la venta de manuales y otros artículos, pero obtiene la mayor parte de su financiación de las cuotas de los socios. Puede unirse a la FSF en fsf.org.

Los empleados de la Free Software Foundation han escrito y se han encargado del mantenimiento de una serie de paquetes de GNU. Dos ejemplos significativos son la biblioteca C y la consola. Todo programa que se ejecuta en un sistema GNU/Linux utiliza la biblioteca C de GNU para comunicarse con Linux, el núcleo; fue programada por Roland McGrath, un miembro del personal de la Free Software Foundation. La consola que se usa en la mayoría de los sistemas GNU/Linux se denomina «BASH», acrónimo de Bourne Again SHell (1), y fue desarrollada por Brian Fox, también empleado de la FSF.

Financiamos el desarrollo de esos programas porque el Proyecto GNU no se limitaba únicamente a proveer herramientas o un entorno de desarrollo. Nuestra meta era construir un sistema operativo completo, y necesitábamos esos programas para alcanzarla.

(1) «Bourne Again Shell» es un juego de palabras con «Bourne Shell», el nombre de la consola comúnmente utilizada en Unix.

Software libre y servicios relacionados

La filosofía del software libre rechaza una práctica empresarial específica y ampliamente difundida, pero no está contra el comercio. Cuando las empresas respetan la libertad de los usuarios, les deseamos mucho éxito.

La venta de copias de Emacs es un ejemplo de actividad comercial con software libre. Cuando la FSF me sustituyó en esa actividad, tuve que buscar otro medio de vida. Lo encontré en la venta de servicios relacionados con el software libre que yo había programado. Esto incluía la enseñanza de temas tales como la programación de Emacs de GNU y la personalización de GCC, como así también el desarrollo de software, sobre todo la migración de GCC a nuevas plataformas.

Hoy en día existen corporaciones que ponen en práctica cada uno de esos tipos de actividad comercial con software libre. Algunas distribuyen colecciones de software libre en CD-ROM; otras ofrecen asistencia técnica a varios niveles, desde responder a las preguntas de los usuarios y corregir errores en los programas, hasta añadir nuevas funciones de una cierta magnitud. Incluso vemos que están empezando a surgir empresas cuya actividad consiste en el lanzamiento de nuevos productos de software libre.

Pero tenga cuidado: hay empresas que se asocian con el término «código abierto» («open source») cuyo negocio se basa en realidad en software que no es libre que funciona con software libre. No son empresas de software libre sino compañías de software privativo cuyos productos inducen a los usuarios a abandonar su libertad. Etiquetan esos productos como «paquetes con valor añadido», lo que demuestra cuáles son los valores que tales empresas desearían que adoptáramos: conveniencia antes que libertad. Si valoramos más la libertad, deberíamos denominarlos «paquetes con libertad sustraída».

Objetivos técnicos

El principal objetivo de GNU es ser software libre. Aun en el caso de que GNU no tuviese ventajas técnicas sobre Unix, tendría una ventaja social, permitir la colaboración entre los usuarios, y otra ventaja ética, respetar la libertad de los usuarios.

Pero resultaba natural aplicar a nuestro trabajo los estándares conocidos de buenas prácticas; por ejemplo, la asignación dinámica de las estructuras de datos para evitar los límites de tamaño fijo arbitrarios y el empleo de todos los códigos de ocho bits posibles, cuando fuera apropiado.

Además, rechazamos el enfoque de Unix sobre el uso de una memoria reducida, y así decidimos no dar soporte para máquinas de 16 bits (estaba claro que las máquinas de 32 bits serían la norma para cuando el sistema GNU estuviese terminado) y no hacer ningún esfuerzo para reducir el uso de memoria a menos que excediera un megabyte. En los programas en los que no fuera fundamental manejar ficheros muy grandes, animamos a los programadores a leer el fichero de entrada completo en el core y luego explorar su contenido sin tener que preocuparse del I/O.

Estas decisiones hicieron posible que muchos programas de GNU superaran a los análogos de Unix en confiabilidad y velocidad.

Donación de ordenadores

A medida que crecía la reputación del Proyecto GNU, la gente comenzó a ofrecer al proyecto la donación de máquinas con Unix instalado. Fueron muy útiles, porque la manera más fácil de desarrollar componentes de GNU era hacerlo en un sistema Unix, reemplazando los componentes del sistema uno a uno. Pero esto trajo aparejado el dilema ético de si era correcto para nosotros poseer aunque fuera tan solo una copia de Unix.

Unix era —y es— software privativo, y según la filosofía del Proyecto GNU no debíamos usarlo. Pero aplicando el mismo razonamiento que lleva a justificar la violencia en defensa propia, concluí que era igualmente legítimo usar un paquete privativo cuando ello resultara crucial para poder desarrollar un reemplazo libre que ayudara a los demás a dejar de usar el paquete privativo.

Sin embargo, aun si se trataba de un mal justificable, no dejaba de ser un mal. En la actualidad ya no tenemos más copias de Unix porque las hemos reemplazado por sistemas operativos libres. Cuando no hemos podido reemplazar el sistema operativo de una máquina por uno libre, hemos reemplazado la máquina completa.

La lista de tareas de GNU

Mientras se proseguía con las labores en el Proyecto GNU, se desarrollaron o se encontraron componentes para el sistema en número cada vez mayor, por lo que eventualmente nos pareció útil elaborar una lista de las piezas que aún faltaban, que usamos luego para reclutar programadores que las desarrollaran. Esta es la lista que posteriormente se llamó «lista de tareas de GNU». Además de los componentes Unix faltantes, añadimos a la lista otros proyectos de software y documentación útiles que, en nuestra opinión, debía tener todo sistema verdaderamente completo.

En la actualidad (1) ya no queda casi ningún componente Unix en la lista de tareas GNU; se concluyeron todas, excepto unas pocas que no son esenciales. Pero la lista contiene muchos proyectos que podrían considerarse «aplicaciones». Cualquier programa que despierte el interés de las personas —más allá del reducido grupo de usuarios de un cierto tipo— será algo útil para añadir a un sistema operativo.

Incluso hay juegos en la lista de tareas y han estado allí desde el principio. Unix incluía juegos, así que naturalmente también tenían que estar en GNU. Los juegos no presentaban ningún problema de compatibilidad, así que no seguimos el modelo de juegos que tenía Unix. Decidimos en cambio incluir en la lista una gama de diferentes tipos de juegos que pueden resultar agradables para los usuarios.

(1) El texto se escribió en 1998. En 2009 ya no tenemos una larga lista de tareas. La comunidad programa software libre con tanta rapidez que incluso no podemos seguir la pista de todos. En cambio tenemos una lista bastante más corta de proyectos altamente prioritarios y queremos animar a la gente a trabajar en ellos.

La GPL de GNU para bibliotecas

La biblioteca C de GNU usa un tipo especial de copyleft denominado GNU Library General Public License (1) (Licencia Pública General de GNU para Bibliotecas) que autoriza el enlace de software privativo con la biblioteca. ¿Por qué hacemos esta excepción?

No es una cuestión de principios; no existe ningún principio que establezca el derecho de incluir nuestro código en productos de software privativo (¿por qué contribuir a un proyecto que se rehúsa a compartir con nosotros?). El uso de la LGPL para la biblioteca C, o para cualquier otra biblioteca, es más bien una cuestión de estrategia.

La biblioteca C tiene una función genérica; todo sistema o compilador privativo incluye una biblioteca C. Por lo tanto, poner nuestra biblioteca a disposición únicamente para el software libre, no habría significado ninguna ventaja para este, pero sí hubiera desalentado el uso de nuestra biblioteca.

Existe un sistema que es una excepción a lo anterior: en un sistema GNU (incluidos los sistemas GNU/Linux), la biblioteca C de GNU es la única biblioteca C. Por lo que los términos de distribución de la biblioteca C de GNU determinan si es posible o no compilar un programa privativo para el sistema GNU. No hay ninguna razón ética para autorizar la incorporación de aplicaciones privativas en el sistema GNU, pero estratégicamente pareciera que denegar dicha autorización desalentaría el uso del sistema GNU en lugar de incentivar el desarrollo de aplicaciones libres. Por esta razón, usar la GPL para bibliotecas (Library GPL) es una buena estrategia para la biblioteca C.

Para otras bibliotecas, es necesario evaluar caso por caso la estrategia a adoptar. Cuando una biblioteca desempeña una función especial que puede facilitar el desarrollo de cierto tipo de programas, publicarla bajo la GPL —limitándola únicamente a programas libres— es una manera de ayudar a otros programadores de software libre, ya que se les otorga una ventaja con respecto al software privativo.

Consideremos por ejemplo la biblioteca Readline de GNU, desarrollada para editar los comandos para BASH. Readline se publica bajo la GPL de GNU ordinaria, no bajo la GPL para bibliotecas. Es probable que de esta manera se reduzca el uso de Readline, pero ello no supone una pérdida para nosotros. Por otro lado, al menos una aplicación útil ha sido transformada en software libre específicamente para poder usar Readline, y esta es una conquista importante para la comunidad.

Los desarrolladores de software privativo tienen las ventajas que proporciona el dinero; quienes desarrollan software libre tienen que generar ventajas entre sí. Tengo la esperanza de que algún día podremos contar con una amplia colección de bibliotecas cubiertas por la GPL que no tengan equivalentes como software privativo, bibliotecas que provean módulos útiles para constructir nuevos programas libres y que faciliten el desarrollo de software libre en el futuro.

(1) Esta licencia ahora se llama GNU Lesser General Public License (Licencia Pública General Reducida de GNU), para evitar transmitir la idea de que se debe usar para todas las bibliotecas. Para más información, véase Por qué en su próxima biblioteca no debería utilizar la GPL Reducida.

¿Una necesidad personal?

Eric Raymond dice: «Todo buen trabajo de software comienza con el deseo del programador de satisfacer una necesidad personal». Puede que a veces sea cierto, pero muchos de los componentes esenciales del software de GNU se programaron con el fin de obtener un sistema operativo libre completo. Nacieron como resultado de una visión y de un plan, no a causa de un impulso.

Por ejemplo, desarrollamos la biblioteca C de GNU porque un sistema similar a Unix necesita una biblioteca C, BASH porque un sistema de tipo Unix necesita una consola, y el tar de GNU porque un sistema similar a Unix necesita un programa tar. Lo mismo se aplica a mis propios programas, el compilador C de GNU, Emacs de GNU, GDB y Make de GNU.

Algunos de los programas de GNU se desarrollaron para afrontar amenazas específicas a nuestra libertad. Por esta razón desarrollamos gzip para reemplazar Compress, programa que nuestra comunidad había perdido a causa de las patentes de LZW. Buscamos personas para programar LessTif y, más recientemente, iniciamos GNOME y Harmony, para abordar los problemas que plantean ciertas bibliotecas privativas (véase más adelante). Estamos desarrollando Privacy Guard de GNU para reemplazar software popular de cifrado que no es libre, porque los usuarios no deben verse obligados a elegir entre privacidad y libertad.

Por supuesto, la gente que escribía estos programas se interesó en el trabajo, y varias personas añadieron muchas características para satisfacer sus propias necesidades e intereses. Pero ese no es el motivo por el cual existe el programa.

Situaciones inesperadas

Al comienzo del Proyecto GNU, mi idea era que desarrollaríamos el sistema GNU completo y luego lo publicaríamos como un todo. Pero no fue así.

Debido a que cada uno de los componentes del sistema GNU se implementó en un sistema Unix, todos podían ejecutarse en sistemas Unix mucho antes de que el sistema GNU hubiera sido completado. Algunos de esos programas adquirieron popularidad, y los usuarios comenzaron a extenderlos y portarlos a las distintas versiones incompatibles de Unix y en ciertos casos también a otros sistemas.

Como resultado de ese proceso, los programas adquirieron mayor potencia y atrajeron más fondos y colaboradores al Proyecto GNU. Pero probablemente eso también demoró por varios años la conclusión de un sistema mínimo funcional, dado que el tiempo de los desarrolladores de GNU se asignaba al mantenimiento de esas migraciones y a añadir funcionalidades a los componentes ya existentes en lugar de continuar, uno tras otro, con el desarrollo de los componentes que faltaban.

El Hurd de GNU

En 1990 el sistema GNU estaba casi terminado, el único componente importante que faltaba era el núcleo. Habíamos decidido implementar nuestro núcleo como una colección de procesos de servidor que se ejecutarían sobre Mach. Mach es un micronúcleo desarrollado en la Carnegie Mellon University y luego en la Universidad de Utah. El Hurd de GNU es una colección de servidores (por ejemplo, una «manada de ñus») que se ejecutan sobre Mach y se ocupan de las diversas tareas como en el núcleo Unix. El inicio del desarrollo se retrasó a la espera de que Mach se publicara como software libre, tal como se había prometido.

Una de las razones por la que optamos por este diseño fue para evitar lo que parecía ser la parte más dura del trabajo: depurar un núcleo sin contar con un depurador de código fuente para hacerlo. Esta parte del trabajo ya había sido realizada en Mach, y esperábamos depurar los servidores de Hurd como programas de usuario, con GDB. Pero llevó mucho tiempo lograrlo, y los servidores multihilo que se intercambian mensajes resultaron ser muy difíciles de depurar. Conseguir que Hurd funcione sólidamente se ha demorado muchos años.

Alix

El núcleo de GNU originalmente no iba a llamarse Hurd. Su nombre original era Alix, por alusión a mi novia de aquel entonces. Ella era administradora de sistemas Unix y había hecho notar que su nombre seguía el esquema de nomenclatura que era común en las versiones de los sistemas Unix. A modo de broma, le dijo a sus amigos «alguien debería darle mi nombre a un núcleo». Yo no dije nada, pero decidí sorprenderla con un núcleo llamado Alix.

El nombre no se conservó. Michael Bushnell (actualmente Thomas), el programador principal del núcleo, prefirió el nombre Hurd y redefinió Alix para referirse a cierta parte del núcleo, la parte que captura las llamadas del sistema y las administra mediante el envío de mensajes a los servidores de Hurd.

Más adelante Alix y yo nos separamos y ella cambió su nombre. Independientemente de eso, el diseño de Hurd se modificó para que los mensajes a los servidores fueran enviados directamente por la biblioteca C, por lo que el componente Alix desapareció del diseño.

Pero antes de que sucediera todo esto, un amigo de ella encontró el nombre Alix en el código fuente de Hurd, y se lo comentó. Así que al fin de cuentas Alix pudo ver su nombre en un núcleo.

Linux y GNU/Linux

El Hurd de GNU no está listo para el uso en producción, y no sabemos si alguna vez lo estará. El diseño basado en la capacidad [capability-based design] presenta dificultadades como consecuencia directa de la flexibilidad del diseño, y no está claro que existan soluciones.

Afortunadamente, disponemos de otro núcleo. En 1991 Linus Torvalds programó un núcleo compatible con Unix y lo denominó Linux. Al principio era privativo, pero en 1992 lo convirtió en software libre; la combinación de Linux con el sistema GNU —que aún no estaba completamente terminado— dió como resultado un sistema operativo libre completo (claramente la combinación en sí misma supuso la realización de un trabajo fundamental). Es debido a Linux que en la actualidad podemos ejecutar una versión del sistema GNU.

A esta versión del sistema la llamamos GNU/Linux para manifestar el hecho de que el sistema está compuesto por una combinación del sistema GNU con el kernel Linux. Recomendamos no adoptar la costumbre de llamar «Linux» al sistema completo, ya que eso implica atribuir nuestro trabajo a otra persona. Tenga a bien mencionarnos equitativamente.

Desafíos en el futuro

Hemos demostrado nuestra capacidad para desarrollar un amplio espectro de software libre. Esto no significa que somos invencibles o que nada nos puede detener. Varios desafíos hacen que el futuro del software libre sea incierto. Afrontarlos requerirá esfuerzos firmes y mucha resistencia, a veces durante años. Se necesita mucha determinación, como la que demuestran quienes valoran su libertad y no dejan que nadie se las quite.

En las cuatro secciones que siguen se analizan dichos desafíos.

Hardware secreto

Los fabricantes de hardware tienden cada vez más a mantener secretas las especificaciones de sus productos. Esto dificulta el desarrollo de controladores libres para que Linux y XFree86 puedan reconocer el hardware nuevo. Hoy disponemos de sistemas libres completos, pero mañana no los tendremos si no son compatibles con los ordenadores del futuro.

Existen dos maneras de abordar este problema. Los programadores pueden recurrir a la ingeniería inversa para analizar de qué manera se puede soportar el hardware. El resto de nosotros podemos optar por usar hardware que sea compatible con el software libre. A medida que aumente el número de usuarios de software libre, mantener las especificaciones en secreto se transformará en una política contraproducente.

La ingeniería inversa implica un trabajo enorme, ¿tendremos programadores con la suficiente determinación para realizarla? Sí, siempre que hayamos logrado construir un fuerte sentimiento de que el software libre es una cuestión de principios, y de que los controladores que no son libres son intolerables. ¿Seremos suficientes los que estaremos dispuestos a invertir dinero extra, o incluso algo de tiempo extra, para que podamos usar controladores libres? Sí, si se difunde la determinación de obtener nuestra libertad.

(Aclaración de 2008: esta cuestión también se aplica al BIOS. Existe un BIOS libre llamado LibreBoot, una distribución de coreboot; el problema es conseguir las especificaciones de las máquinas para que LibreBoot pueda reconocerlas sin tener que recurrir a paquetes binarios que no son libres).

Bibliotecas que no son libres

Una biblioteca que no es libre y que funciona sobre sistemas operativos libres actúa como una trampa para los programadores de software libre. Las características atractivas de la biblioteca son el cebo: si usted usa la biblioteca, cae en la trampa, porque su programa no puede integrarse de manera útil a un sistema operativo libre (estrictamente hablando, podríamos incluir su programa, pero no funcionará sin esa biblioteca). Peor aún, si se populariza un programa que utiliza una biblioteca privativa, puede hacer caer en la trampa a otros programadores incautos.

La primera vez que se presentó este problema fue con el kit de herramientas Motif, allá en los años ochenta. Aunque en aquel entonces no había todavía sistemas operativos libres, el problema que Motif iba a causarles más adelante estaba claro. El Proyecto GNU respondió de dos maneras: solicitando a los proyectos individuales de software libre que admitiesen tanto los widgets del kit libre de herramientas de X como Motif, y solicitando el desarrollo de un reemplazo libre para Motif. La tarea tomó muchos años. Solo en 1997 LessTif, desarrollado por los Hungry Programmers, adquirió la potencia necesaria como para admitir la mayoría de las aplicaciones Motif.

Entre 1996 y 1998, otra biblioteca del kit de herramientas GUI que no era libre, denominada Qt, se usó en una amplia colección de software libre: el escritorio KDE.

Los sistemas libres GNU/Linux no podían usar KDE porque no podíamos incorporar la biblioteca. No obstante, algunos distribuidores comerciales de sistemas GNU/Linux que no eran tan estrictos con respecto a la inclusión de software libre, añadieron KDE a sus sistemas, obteniendo así un sistema con más funcionalidades pero con menos libertad. El grupo de KDE instaba activamente a los programadores a usar Qt, mientras millones de nuevos «usuarios de Linux» ni siquiera habían oído hablar del problema. La situación era desalentadora.

La comunidad del software libre abordó este problema de dos maneras: GNOME y Harmony.

GNOME, el GNU Network Object Model Environment, es el proyecto de escritorio de GNU. El proyecto fue inciado en 1997 por Miguel de Icaza y se desarrolló con el apoyo de Red Hat Software con el objetivo de proporcionar prestaciones similares, pero usando software libre exclusivamente. Tiene también ventajas técnicas, tales como admitir una variedad de lenguajes, no solo C++. Pero su propósito principal era la libertad: evitar el uso de cualquier software que no fuese libre.

Harmony es una biblioteca sustitutiva compatible, diseñada para poder ejecutar el software KDE sin usar Qt.

En noviembre de 1998, los desarrolladores de Qt anunciaron un cambio de licencia que, cuando se llevase a cabo, convertiría Qt en software libre. No puedo afirmarlo con certeza, pero pienso que en parte esto de se debió a la firme respuesta de la comunidad frente al problema que presentaba Qt cuando no era libre (la nueva licencia es inadecuada e injusta, por lo que sigue siendo preferible evitar el uso de Qt).

(Nota posterior: en Septiembre de 2000 Qt se publicó bajo la licencia GPL de GNU, lo que esencialmente solucionó este problema).

¿Cómo responderemos a la próxima tentación que nos presente una biblioteca que no sea libre? ¿Comprenderá la comunidad entera la necesidad de mantenerse alejados de la trampa? ¿O alguno de nosotros entregará su libertad a cambio de la conveniencia, generando así un problema fundamental? Nuestro futuro depende de nuestra filosofía.

Patentes de software

La peor amenaza a la que nos enfrentamos proviene de las patentes de software, que pueden impedir el uso de algoritmos y funciones en el desarrollo de software libre hasta por veinte años. Las patentes del algoritmo de compresión LZW se introdujeron en 1983, y hasta el día de hoy no podemos publicar software libre que produzca archivos en formato GIF adecuadamente comprimidos. En 1998 hubo que suspender la distribución de un programa libre para producir archivos de audio comprimidos en el formato MP3 a causa de una amenaza de demanda judicial por patentes.

Existen algunos métodos para afrontar el problema de las patentes: podemos buscar pruebas para demostrar la invalidez de la patente, y podemos buscar maneras alternativas de realizar una tarea. Pero cada uno de estos métodos funciona solo en algunos casos; cuando ambos fallan, una patente puede impedir la implementación en todo el software libre de alguna característica que los usuarios desean. ¿Qué haremos entonces?

Quienes valoramos el software libre por la libertad que nos otorga, seguiremos usándolo de todos modos. Buscaremos el modo de realizar nuestro trabajo sin las funcionalidades patentadas. Pero quienes valoran el software libre porque esperan que sea técnicamente superior, tenderán a calificar de «fracaso» el software que no se puede desarrollar a causa de las patentes. Por ende, si bien es útil hablar acerca de la efectividad práctica del modelo de desarrollo llamado «bazar», y de la confiabilidad y la potencia de cierto software libre, no debemos quedarnos solo con eso. Debemos hablar de libertad y de principios.

Documentación libre

La mayor carencia de nuestros sistemas operativos libres no está en el software sino en la falta de buenos manuales libres que podamos incluir en nuestros sistemas. La documentación es una parte esencial de cualquier paquete de software; cuando un paquete importante de software libre no cuenta con un buen manual libre, nos encontramos con una laguna fundamental. En la actualidad existen muchas de estas lagunas.

La documentación libre, al igual que el software libre, es una cuestión de libertad, no de precio. El criterio que se aplica a los manuales libres es muy similar al del software libre: otorgar a los usuarios ciertas libertades. La redistribución —incluso la venta comercial— debe estar permitida, tanto en forma digital como en papel, de modo que se pueda incluir el manual con cada copia del programa.

La autorización para modificarlo también es crucial. Como regla general, no creo que sea esencial que las personas tengan permiso para modificar todo tipo de artículos y libros. Por ejemplo, no creo que usted ni yo estemos obligados a autorizar la modificación de artículos como este, en el que se describen nuestros actos y nuestros puntos de vista.

Pero existe una razón específica debido a la cual la libertad para modificar la documentación es crucial para el software libre. Cuando las personas ejercen su derecho a modificar el software y añaden o cambian características, si son concienzudas modificarán también el manual para que la documentación sea precisa y se pueda utilizar con el programa modificado. Un manual que no es libre, que no permite a los programadores ejercer su sentido de la responsabilidad y terminar el trabajo, no satisface las necesidades de nuestra comunidad.

No hay inconveniente alguno en establecer ciertos tipos de límites a las modificaciones que se pueden realizar, como por ejemplo el requisito de preservar el aviso de copyright del autor original, los términos de distribución o la lista de autores. Tampoco ocasiona ningún problema el requisito que exige incluir una nota advirtiendo que se trata de una versión modificada, ni prohibir la alteración o la cancelación de enteras secciones, siempre y cuando dichas secciones traten temas que no sean de índole técnica. Restricciones de este tipo no ocasionan ningún problema porque no impiden al programador concienzudo cambiar el manual para adaptarlo al programa modificado. En otras palabras, son restricciones que no le impiden a la comunidad del software libre la plena utilización del manual.

Sin embargo, se debe autorizar la modificación de todo el contenido técnico del manual, como así también la distribución del resultado a través de todos los medios y canales habituales; de no ser así, las restricciones estarían obstruyendo la comunidad. En ese caso el manual no será libre, y será necesario escribir otro.

¿Tendrán los desarrolladores de software libre la conciencia y la determinación para producir una amplia gama de manuales libres? Una vez más, nuestro futuro depende de nuestra filosofía.

Es necesario hablar de libertad

En la actualidad se estima que hay unos diez millones de usuarios de sistemas GNU/Linux tales como Debian GNU/Linux y Red Hat «Linux». El software libre ha desarrollado tales ventajas prácticas que un gran número de usuarios lo eligen por razones puramente prácticas.

Los resultados positivos de esto son evidentes: mayor interés en el desarrollo de software libre, más clientes para las empresas de software libre, y mayor capacidad para animar a las compañías a desarrollar software libre comercial en lugar de productos de software privativo.

Pero el interés por el software crece más rápidamente que la conciencia de la filosofía sobre la cual se funda, y esto crea problemas. Nuestra capacidad de enfrentar los desafíos y amenazas que se describieron anteriormente depende de la voluntad de mantenernos firmes a favor de la libertad. Para asegurarnos de que nuestra comunidad tenga esta voluntad, es necesario difundir la idea entre los nuevos usuarios a medida que llegan a nuestra comunidad.

Pero estamos fracasando en eso: los esfuerzos para atraer nuevos usuarios a nuestra comunidad superan con creces los esfuerzos dedicados a enseñarles nuestros principios. Tenemos que hacer ambas cosas, y es necesario mantener un equilibrio entre ambos esfuerzos.

«Open Source» («código abierto»)

Enseñar a los nuevos usuarios el valor de la libertad comenzó a resultar más difícil a partir de 1998, cuando parte de la comunidad decidió abandonar la expresión «software libre» reemplazándola por «software de código abierto» («open source software» en inglés).

La intención de algunos de los que adoptaron la nueva expresión era evitar la confusión entre «free» y «gratis», un objetivo razonable. Otros, sin embargo, apuntaban a dejar de lado los principios que habían dado vida al movimiento del software libre y al Proyecto GNU, con el propósito de atraer a los ejecutivos y usuarios empresariales, quienes en su gran mayoría sostienen una ideología que antepone los beneficios económicos a la libertad, a la comunidad, a los principios. Por lo tanto, la retórica del «código abierto» se centra en la posibilidad de desarrollar software potente y de alta calidad, pero elude las ideas de libertad, comunidad y principios.

Las revistas sobre «Linux» son un claro ejemplo de esto. Están inundadas de publicidad sobre software privativo que funciona en GNU/Linux. La próxima vez que nos encontremos con productos como Motif o Qt, ¿advertirán estas revistas a los programadores aconsejándoles que los eviten, o publicarán anuncios para promoverlos?

Dejando aparte todos los demás factores, el apoyo empresarial es útil y puede contribuir a la comunidad de varias maneras. Pero si para obtenerlo optamos por mencionar aún menos el tema de la libertad y los principios, el resultado puede ser desastroso; se agudizaría el desequilibrio entre la difusión del software libre y la enseñanza de sus principios.

Las expresiones «software libre» y «código abierto» se refieren aproximadamente a la misma categoría de software, pero describen conceptos muy diferentes acerca del software y de los valores. El proyecto GNU continúa utilizando el término «software libre» para expresar la idea de que la libertad, y no solamente la tecnología, es importante.

¡Inténtalo!

El aforismo de Yoda («Intentos no hay») suena bien, pero conmigo no funciona. He realizado la mayor parte de mi trabajo con la ansiedad de no saber si podría llevarlo a cabo, y sin saber si sería suficiente para alcanzar la meta aún si lo lograba. Pero lo intenté de todos modos, porque entre el enemigo y mi ciudad estaba solo yo. Para mi sorpresa, a veces he tenido éxito.

Otras veces fracasé. Algunas de mis ciudades han caído. Más tarde descubrí otra ciudad amenazada y me preparé para otra batalla. Con el tiempo, he aprendido a detectar las amenazas y a interponerme entre ellas y mi ciudad, haciendo un llamamiento a otros hackers para que se unan a mí.

En la actualidad, a menudo no soy el único. Es para mí un alivio y una alegría ver a un regimiento de hackers excavando para mantener la trinchera, y me doy cuenta de que esta ciudad puede sobrevivir, por ahora. Pero los peligros aumentan cada año, y ahora Microsoft tiene a nuestra comunidad en su punto de mira. No podemos dar por sentado que el futuro de la libertad está asegurado. ¡No piense que es así! Si desea conservar su libertad, debe estar preparado para defenderla.

Notas de Traducción

[1]. En inglés, «libre» se dice «free», término que también significa «gratuito». A causa de esta ambigüedad, la frase «free software» a veces es mal interpretada, lo cual no sucede con su equivalente «software libre» en español.
[2]. En inglés, la posición del calificativo free en Free University Compiler Kit no permite determinar si se refiere a la universidad o al compilador.
[3]. «Reversados», por similitud etimológica, semántica y fonética con «reversed».

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