No son las puertas, son los barrotes

Por Richard Stallman
Fundador de la Free Software Foundation.

(Este artículo lo publicó las notícias ded la BBC en 2008 en inglés.)

Poner demasiada atención a la jubilación de Bill Gates es perder de vista lo importante. Lo que realmente importa no es Gates ni Microsoft, sino el sistema inmoral de restricciones que Microsoft, al igual que otras compañías de software, impone a sus clientes.

Esta afirmación puede sorprenderle, ya que la mayoría de las personas interesadas en los computadores intensos sentimientos hacia Microsoft. Los empresarios y sus políticos domesticados admiran su éxito en construir un imperio sobre muchos usuarios de computadores. Muchos de los que no están en el campo de la computación dan crédito a Microsoft por avances sobre los cuales solamente ha sacado ventaja. Como hacer que los ordenadores sean baratos y rápidos y las convenientes interfaces gráficas de usuario.

La filantropía de Gates por la salud en los países pobres le ha ganado una buena opinión entre algunas personas. El periódico LA Times informó que su fundación gasta anualmente entre 5 y 10% de su dinero e invierte el resto. A veces en empresas que supuestamente causan degradación ambiental y enfermedades en los mismos países pobres. [Actualización de 2010: la Gates Foundation con el gigante de los negocios agrícolas Cargill en un proyecto que podría incluir la promoción de cultivos modificados genéticamente en Africa (en inglés).]

Muchos informáticos odian especialmente a Gates y a Microsoft. Tienen muchas razones para ello. Microsoft adopta continuamente un comportamiento anticompetitivo, y ha sido declarado culpable en tres ocasiones. (Bush, quien ayudó a Microsoft a zafarse de la segunda acusación en los E.E.U.U, fue invitado a la sede de Microsoft para solicitar fondos para la elecciones del año 2000. En el Reino Unido, Microsoft estableció una importante oficina en el distrito electoral de Gordon Brown. Las dos son legales, pero ambas también son potencialmente corrompedoras).

Muchos usuarios odian el «impuesto de Microsoft», los contratos de venta que le hacen pagar por Windows en su ordenador incluso si no lo utilizará. En algunos países es posible obtener un reembolso, pero el esfuerzo requerido es desalentador. También está la gestión de restricciones digitales (DRM, por sus siglas en inglés), las características de software diseñadas para «impedirle» acceder a sus archivos libremente (el aumento de las restricciones a los usuarios parece ser el principal avance de Vista).

Luego tenemos las incompatibilidades gratuitas y los obstáculos para interactuar con otros programas (este es el motivo por el cual la Unión Europea solicitó a Microsoft que publicara las especificaciones de sus interfaces). Este año Microsoft llenó los comités de estándares con sus partidarios para procurar la aprobación como ISO de su inmanejable, inimplementable y patentado «estándar abierto» para documentos (la Unión Europea ahora lo está investigando).

Estas acciones son intolerables, por supuesto, pero no son eventos aislados, son síntomas sistemáticos de un mal más profundo que la mayoría de las personas no reconoce: el software privativo.

El software de Microsoft se distribuye bajo licencias que mantienen a los usuarios divididos e impotentes. Los usuarios están divididos porque se les prohíbe compartir copias con otros. Los usuarios están impotentes porque no tienen el código fuente que los programadores pueden leer y cambiar.

Si es programador y quiere cambiar el software, para usted o para otro, no puede hacerlo. Si es una empresa y quiere pagar a un programador para que adapte el software a sus necesidades, no puede hacerlo. Si lo copia para compartirlo con su amigo, lo cual es simplemente ser un buen amigo, le dicen que usted que es un «pirata». Microsoft nos quiere hacer creer que ayudar al prójimo es el equivalente moral de atacar a un barco.

Lo más importante que ha hecho Microsoft es promover este sistema social injusto. Gates se identifica personalmente con este sistema, debido a su infame carta abierta en la cual reprendió a los usuarios de microcomputadores por compartir copias de su software. Ésta decía, en efecto, «si ustedes no me permiten mantenerlos divididos e impotentes, no escribiré el software y no tendrán ninguno. ¡Ríndanse ante mi, o estarán perdidos!».

Pero Gates no inventó el software privativo, y miles de otras empresas hacen los mismo. Está mal, no importa quién lo haga. Microsoft, Apple, Adobe y el resto, nos ofrecen sofware que les otorga poder sobre nosotros. Un cambio en los ejecutivos o en las empresas no es importante. Lo que necesitamos cambiar es este sistema.

De esto se trata el movimiento del software libre. «Libre» se refiere a la libertad: escribimos y publicamos software que los usuarios pueden compartir y modificar libremente. Hacemos esto sistemáticamente, por el bien de la libertad, a algunos de nosotros nos pagan, y muchos otros son voluntarios. Ya tenemos sistemas operativos libres completos, incluyendo GNU/Linux. Nuestro objetivo es entregar una gama completa de software libre útil, de modo que ningún usuario de ordenador se vea tentado a ceder su libertad para obtener software.

En 1984, cuando comencé el movimiento del software libre, apenas estaba consciente de la carta de Gates. Pero había escuchado demandas similares de otros, y tuve una respuesta: «si su software nos mantendrá divididos e impotentes, por favor no lo escriba. Estamos mejor sin él. Encontraremos otras formas de usar nuestros ordenadores y de preservar nuestra libertad.».

En 1992, cuando el sistema operativo GNU se completó con el núcleo, Linux, había que ser un mago para ejecutarlo. Hoy GNU/Linux es amigable para el usuario: en partes de España e India es estándar en los colegios. Decenas de millones lo utilizan alrededor del mundo. Usted puede utilizarlo también.

Gates puede haberse ido, pero las paredes y los barrotes de software privativo que él ayudó a crear permanecen, por ahora. Desmantelarlos depende de nosotros.

La Free Software Foundation es la principal organización que patrocina el Sistema Operativo GNU. Nuestra misión es preservar, proteger y promover la libertad de usar, estudiar, copiar, modificar y distribuir programas de ordenador; así como defender los derechos de los usuarios de software libre.. Apoye GNU y la FSF mediante la compra de manuales y ropa, uniéndose a la FSF como miembro asociado o haciendo una donación, ya sea directamente a la FSF o mediante Flattr.

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