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Esta es una traducción de la página original en inglés.

No a la directiva europea sobre patentes de software

Por Richard Stallman y Nick Hill

Este artículo se escribió en el año 2003 para expresar nuestra oposición al proyecto de directiva sobre patentes de software de la Unión Europea, que en última instancia fue rechazado por los mismos que lo apoyaban debido al amplio rechazo que suscitó. No obstante, luego encontraron otra manera de imponer las patentes de software en la mayor parte de Europa: a través de la letra pequeña de la patente unitaria.

La industria de la informática está bajo la amenaza de un saqueo al más puro estilo del salvaje oeste. Los gobiernos están ayudando a las compañías más grandes y ricas a tomar el control exclusivo e inexpugnable de las ideas que los programadores combinan para hacer un programa.

Nuestra sociedad se está volviendo cada vez más dependiente de las tecnologías de la información. Al mismo tiempo, está aumentando el control centralizado y la propiedad privada en ese sector, con lo que las megacorporaciones —a las que la ley concede poder sobre nuestros ordenadores— podrían arrebatarnos nuestras libertades y nuestra democracia. Los más poderosos de estos «usurpadores de tierras», al disponer de un monopolio de hecho sobre el software moderno, tendrán control sobre lo que podremos hacer con nuestros ordenadores y sobre la producción y distribución de la información en la red, mediante los monopolios que la Unión Europea planea concederles.

Esos monopolios son patentes, cada una de las cuales restringe el uso de una o varias ideas de software. Las llamamos «patentes de software» porque restringen las funcionalidades que los programadores podemos implementar en el software. ¿Cómo funcionan estos monopolios? Si desea usar su ordenador como un procesador de textos, el sistema debe seguir instrucciones para funcionar como tal. Estas instrucciones son análogas a las que se encuentran en una partitura musical, que indica a la orquesta cómo interpretar una sinfonía. Las instrucciones no son simples. Están formadas por miles de instrucciones menores, en cierto modo muy parecidas a secuencias de notas y acordes. La partitura de una sinfonía engloba cientos de ideas musicales y un programa informático utiliza cientos o miles de ideas de software. Ya que todas esas ideas son abstractas, con frecuencia existen distintos modos de describirla: así, algunas ideas pueden ser patentadas de múltiples formas.

Los EE. UU., que tienen patentes de software desde los años ochenta, muestran la manera en que esto puede afectar el desarrollo de software de uso cotidiano. Por ejemplo, en este país se han presentado treinta y nueve solicitudes que reclaman el monopolio de un método estándar de visualización de vídeo que utiliza técnicas de software (el formato MPEG 2).

Ya que una única porción de software puede incluir miles de ideas, y que estas ideas tienen un alcance arbitrario y son de naturaleza abstracta, escribir software merecerá la pena sólo para aquellos que son ricos y que tienen una amplia cartera de monopolios de software: aquellos con fondos e influencia suficientes para rechazar demandas que de otro modo podrían hundir un negocio. Defenderse de una demanda inválida relacionada con una patente tiene, en los EE. UU., un costo medio de un millón y medio de dólares. Los tribunales favorecen a los ricos, de forma que incluso cuando una pequeña empresa obtiene unas pocas patentes, estas le resultarán inútiles.

En los EE. UU., las patentes de software están siendo solicitadas a una velocidad tremenda. Si se legalizan en Europa, la mayoría de las patentes de los EE. UU. se extenderán también a Europa. Es muy probable que esto tenga un efecto devastador para el desarrollo del software europeo, provocando la pérdida de empleos, el empobrecimiento de la economía, el encarecimiento del uso de los ordenadores, la reducción de las opciones a elegir y de la libertad del usuario final. Los defensores de las patentes de software en Europa y sus probables beneficiarios son la burocracia de las patentes (mayor influencia en más ámbitos de la vida), los abogados relacionados con las patentes (más negocio para demandantes y defensores) y las megacorporaciones de la informática tales como IBM o Microsoft.

La principal megacorporación de software es Microsoft. Incluso ahora, mientras una parte de la Comisión Europea está investigando a Microsoft por prácticas de monopolio, otra parte planea concederle una serie interminable de monopolios superpuestos de 20 años de duración cada uno. Bill Gates, en su memorándum «Challenges and Strategy» (Desafíos y estrategias) del 16 de mayo de 1991, escribió:

«Si la gente hubiera entendido cómo se concederían las patentes y las hubieran obtenido cuando se inventaron la mayoría de las ideas actuales, hoy la industria estaría totalmente paralizada. La solución [...] es patentar todo lo que podamos [...]. Las nuevas empresas sin patentes propias se verán obligadas a pagar cualquier precio que los gigantes decidan imponer».

Actualmente Microsoft procura valerse de las patentes de software para obtener monopolios permanentes en muchas áreas del software.

La Comisión Europea sostiene que la directiva que propone para las invenciones informáticas cerrará el paso a las patentes de software. Pero en realidad ese texto fue escrito por la Business Software Alliance, que representa a las mayores compañías de software (la Comisión no lo admitió, lo detectamos nosotros) y contiene términos vagos que sospechamos están diseñados para abrir la puerta a las patentes de software.

El texto dice que las patentes en el ámbito de la informática deben hacer una «contribución técnica». Según la Comisión, esto es lo mismo que decir «no a las patentes de software». Pero el término «técnica» puede ser interpretado de muchas maneras. La Oficina Europea de Patentes ya está registrando patentes de software de dudosa validez legal, desobedeciendo el tratado que la rige y a los gobiernos que la establecieron. Si opera utilizando esa terminología, forzará la interpretación para admitir todo tipo de patentes de software.

Arlene McCarthy, miembro del Parlamento Europeo por el noroeste de Inglaterra, ha cumplido un rol importante como promotora y relatora de la directiva propuesta. Los cambios cosméticos que ha propuesto hasta ahora no hacen nada para solucionar el problema. Sin embargo, hay una enmienda de la comisión de asuntos culturales sobre la definición de «técnica», enmienda que garantiza a los desarrolladores de software británicos y europeos en general, que no se expondrán al riesgo de un pleito simplemente por escribir y distribuir un paquete de software.

La terminología imprecisa que sugieren las megacorporaciones debe ser reemplazada por expresiones claras y concluyentes. Expresiones que impidan a unas pocas y adineradas organizaciones apropiarse del futuro de nuestra informática en aras de sus propios intereses.

Para saber más sobre este asunto, consulte http://www.softwarepatents.co.uk [Página archivada] y hable después con los parlamentarios europeos de su región.

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