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Esta es una traducción de la página original en inglés.

Los servicios de red no son ni libres ni privativos. Plantean otros problemas

por Richard Stallman

Los programas y los servicios son dos cosas diferentes. Un programa es un tipo de obra que se puede ejecutar; un servicio es una actividad con la cual se puede interactuar.

Hacemos una distinción entre programas libres y programas que no son libres (privativos). Más precisamente, esta distinción se aplica a un programa del cual se posee una copia: o se tienen las cuatro libertades para esa copia o no se tienen.

Una actividad (por ejemplo un servicio) no existe en forma de copias, de manera que los usuarios no tienen la posibilidad de poseer copias de la misma, y mucho menos hacer más copias. Por lo tanto, no tiene sentido aplicar a los servicios las cuatro libertades que definen el software libre.

Para usar una analogía culinaria, mi acción de cocinar no puede ser una copia de su acción de cocinar, ni siquiera si yo hubiera aprendido a cocinar observándole a usted. Yo podría tener y usar una copia de la misma receta que usted usa para cocinar, porque una receta —al igual que un programa— es una obra y existe en forma de copias, pero la receta no es lo mismo que la acción de cocinar (y ninguna de las dos es igual a la comida producida por la acción de cocinar).

Con las tecnologías de hoy día, los servicios a menudo se implementan ejecutando programas en computadoras, pero esa no es la única manera de implementarlos (de hecho hay servicios de red que se implementan pidiéndole a seres humanos que ingresen respuestas a ciertas preguntas). En todo caso, los usuarios del servicio no visualizan la implementación, de modo que no tiene efecto directo sobre ellos.

Un servicio de red puede presentar a los usuarios problemas de disyuntiva entre software libre y software que no es libre con respecto al programa cliente necesario para utilizar el servicio. Si el servicio requiere utilizar un programa cliente que no es libre, el uso del servicio requiere ceder su libertad a ese programa. En muchos servicios web, el software que no es libre es código JavaScript que se instala silenciosamente en el navegador del usuario. El programa LibreJS de GNU permite rechazar fácilmente la ejecución de código JavaScript que no es libre. Pero el problema del software cliente está lógicamente separado del servicio como tal.

Hay un caso en el que un servicio es directamente equiparable a un programa: cuando utilizar el servicio equivale a tener una copia de un hipotético programa y a ejecutarlo uno mismo. En ese caso lo llamamos software como servicio (SaaS) o servicio sustitutivo del software (SaaSS); esta última expresión refleja con mayor claridad la naturaleza del problema. Tal servicio es siempre dañino: realiza las tareas de computación del usuario, mientras son los usuarios quienes deben tener el control absoluto de esas tareas. Para poder ejercer el control de sus tareas de computación, el usuario tiene que realizarlas ejecutando su propia copia de un programa libre. Utilizar un servidor ajeno para realizar tareas de computación implica la pérdida de control.

Usar el SaaSS equivale a usar un programa que no es libre, con funciones de vigilancia y con puerta trasera universal, de manera que debemos rechazarlo y reemplazarlo por un programa libre que sirva para realizar la misma tarea.

Sin embargo, las funciones de los principales servicios consisten en comunicar o publicar información. No tienen nada que ver con ejecutar un programa, de manera que no son un servicio sustitutivo del software. Tampoco podrían ser reemplazados por una copia suya del programa. Ejecutar un programa en sus propias computadoras utilizándolo usted únicamente, no es en sí mismo suficiente para comunicarse con los demás.

Los servicios que no son SaaSS pueden perjudicar a los usuarios de otras formas. Un servicio puede presentar problemas tales como el mal uso de los datos que usted envía, o la recopilación de otros datos (vigilancia). El Franklin Street Statement intentó ocuparse de estos asuntos, pero aún no tenemos una posición firme con respecto a ellos. Lo que está claro es que los problemas que presenta un servicio son diferentes a los de un programa. Por lo tanto, en aras de la claridad, es mejor no aplicar los términos «libre» y «privativo» a un servicio.

Supongamos que se implemente un servicio utilizando software: El operador del servidor tiene copias de muchos programas y los ejecuta para implementar el servicio. Esas copias pueden o no ser software libre. Si el operador las desarrolló y las utiliza sin distribuir copias, son libres en sentido trivial ya que cada usuario (sólo hay uno) tiene las cuatro libertades.

Si alguna de las copias no es libre, eso generalmente no afecta directamente a los usuarios del servicio pues ellos no están ejecutando esos programas, es el operador del servicio quien lo hace. Hay una situación particular en la que estos programas pueden afectar indirectamente a los usuarios del servicio: si el servicio conserva información privada, los usuarios podrían manifestar preocupación ante la posibilidad de que los programas propietarios del servidor tengan puertas traseras que permitan a terceros acceder a sus datos. De hecho, los programas propietarios del servidor requieren que los usuarios confíen en los desarrolladores de los programas como así también en el operador del servicio. Las implicaciones de esto en la práctica dependen de cada caso, por ejemplo el tipo de tareas que efectúan los programas que no son libres.

Sin embargo, la parte que ciertamente se ve perjudicada por los programas privativos que implementan el servicio es precisamente el operador del servidor. No lo condenamos por estar a merced del software que no es libre, y ciertamente no lo boicoteamos por eso. Más bien, nos preocupa su libertad, al igual que la de cualquier otro usuario de software que no es libre. Siempre que tenemos ocasión, tratamos de explicarle que está limitando su libertad, con la esperanza de que se vuelque hacia el software libre.

Por otro lado, si el operador del servicio ejecuta GNU/Linux o cualquier software libre, más que una virtud que le afecta a usted, es un beneficio para él o para ella. Nosotros no lo alabaremos ni le daremos las gracias por eso, más bien lo felicitaremos por su sabia elección.

Si el operador ha desarrollado algún programa para el servicio y lo ha publicado como software libre, allí sí tendremos una razón para agradecerle. Sugerimos distribuir esos programas bajo la licencia GPL Affero de GNU , ya que evidentemente son útiles en los servidores.

¿Por qué la GPL Affero?

Así, no tenemos ninguna regla que indique que los sistemas libres no deben usar (o no deben depender de) los servicios (o sitios) implementados con software que no es libre. Sin embargo, no tienen que depender de, sugerir ni alentar el uso de servicios tales como el SaaSS. Es necesario utilizar software libre en lugar de SaaSS. Siendo los demás factores iguales, es bueno favorecer a aquellos proveedores de servicios que contribuyen a la comunidad publicando software libre útil y, para aquellas actividades que no requieren necesariamente un nodo centralizado, es también bueno favorecer las comunicaciones entre pares (P2P) en lugar de la comunicación centralizada basada en servidores.

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