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Esta es una traducción de la página original en inglés.

Declaración de la FSF sobre el litigio entre la SCO e IBM

por Eben Moglen

25 de junio de 2003

La demanda que el Grupo SCO ha presentado contra IBM ha generado muchas peticiones para que la FSF comente el caso. La Fundación se ha abstenido de hacer comentarios oficiales sobre el litigio, puesto que solo se han presentado las acusaciones del demandante; cualquier comentario sobre acusaciones no demostradas sería prematuro. Más inquitantes que la propia demanda han sido, sin embargo, ciertas declaraciones públicas de los representantes de la SCO, quienes de forma irresponsable han puesto en duda la legitimidad del software libre en general. Dichas declaraciones requieren una contestación.

La demanda de la SCO afirma que IBM no ha cumplido con las obligaciones contractuales que existen entre las dos empresas, y también que IBM ha incorporado a lo que ellos llaman de forma general «Linux» información industrial secreta relacionada con el diseño del sistema operativo Unix. Recientemente, esta última queja se ha ampliado en declaraciones extrajudiciales de los empleados y directivos de la SCO en las que se sugiere que «Linux» incluye material copiado de Unix, violando así el copyright de la SCO. Tal acusación se encontró en correos aparentemente enviados por la SCO a las 1.500 empresas más grandes del mundo, en las que advertían que el uso de software libre podría infringir la ley.

Es de crucial importancia aclarar algunas confusiones que los portavoces de la SCO no parecen dispuestos a disipar. En primer lugar, la SCO ha usado el término «Linux» para referirse a «todo tipo de software libre» o a «todo el software libre que constituya un sistema operativo similar a Unix». Este caso muestra que tal confusión, contra la cual la Free Software Foundation ha advertido en otras ocasiones, genera los equívocos que la Fundación ha señalado a menudo. «Linux» es el nombre del núcleo que más se usa en los sistemas de software libre. Pero el sistema operativo en su conjunto contiene otros muchos componentes, algunos de los cuales son productos del Proyecto GNU de la Fundación; otros se han escrito por separado y se han publicado bajo licencias de software libre. El conjunto es GNU, el sistema operativo libre en el que llevamos trabajando desde 1984. Aproximadamente la mitad de los componentes de GNU son obras cuyo copyright pertenece a la Free Software Foundation, incluyendo el compilador de C GCC, el depurador GDB, la librería de C Glibc y el intérprete de órdenes bash, entre otras partes esenciales. La combinación de GNU con el núcleo Linux da como resultado el sistema GNU/Linux, que se usa ampliamente en una gran variedad de hardware y que tomado en su totalidad imita las funciones que en el pasado podía realizar únicamente el sistema operativo Unix.

El confuso empleo de términos por parte de la SCO hace que los fundamentos de sus reclamaciones no sean claros: ¿alega la SCO que ciertos secretos industriales del desarrollador original de Unix, AT&T (cuyos derechos adquirió la SCO mediante transacciones sucesivas) fueron incorporados por IBM al kernel Linux o bien en partes de GNU? En el primer caso, no hay ninguna justificación para las declaraciones que exhortan a las 1.500 grandes empresas a ser cautas en el uso de software libre o de programas de GNU en general. Si en cambio alega que GNU contiene algún secreto industrial o material que está bajo el copyright de Unix, tal afirmación es casi con seguridad falsa. Los colaboradores del Proyecto GNU se comprometen a cumplir las reglas del proyecto establecidas por la Free Software Foundation. Tales reglas especifican, entre otras cosas, que los colaboradores no deben establecer acuerdos de no divulgación de información técnica relativa a su trabajo en programas de GNU y que no deben consultar ni hacer uso de código fuente de programas que no sean software libre, incluido, de forma explícita, Unix. La Fundación no tiene ninguna base para pensar que GNU contenga secretos industriales o material con copyright de la SCO o de cualquier otro. Algunos colaboradores podrían haber tergiversado los hechos en sus contratos de cesión de derechos; pero en ausencia de tergiversación voluntaria, que no ha sucedido jamás hasta donde la Fundación ha podido saber, es muy poco probable que hayamos cometido algún error al supervisar la garantía de libertad de nuestro software. La Fundación observa que, a pesar de las declaraciones alarmistas hechas por los empleados de la SCO, la Fundación no ha sido demandada; la SCO, pese a nuestras peticiones, tampoco ha encontrado ni una sola obra cuyo copyright pertenezca a la Fundación —incluidas todas las modificaciones que IBM ha hecho en el núcleo para su uso en los ordenadores mainframe S/390 y cuyo copyright ha cedido a la Fundación— que infrinja sus derechos, tal como afirman.

Es más, existen razones jurídicas muy claras por las que las acusaciones de la SCO contra el núcleo o contra otro software libre muy probablemente fracasarán. Con respecto a las acusaciones sobre la difusión de secretos industriales, que son las únicas que realmente ha realizado en la demanda contra IBM, el hecho es que durante años la SCO ha estado distribuyendo copias del núcleo Linux como parte de sistemas de software libre GNU/Linux. La SCO ha distribuido dichos sistemas en completa conformidad con las exigencias de la GPL y, por lo tanto, con el código fuente completo. De este modo, la misma SCO ha estado publicando de forma continua, como parte de su negocio convencional, el material que dice que incluye sus secretos industriales. No hay, sencillamente, ninguna base jurídica para que la SCO pueda afirmar que otros hayan violado sus secretos industriales de un material que la propia compañía ha difundido comercialmente bajo una licencia que explícitamente permitía la copia y la distribución sin restricciones.

Ese mismo hecho representa un obstáculo infranquable para la afirmación de la SCO: que «Linux» viola su copyright sobre el código fuente de Unix. El copyright, como lo ha señalado repetidamente el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América, cubre expresiones, no ideas. El copyright sobre el código fuente no se aplica a cómo funciona un programa, sino solamente al lenguaje específico en el que está expresado su funcionamiento. Un programa escrito desde cero para expresar de manera diferente la función de otro programa que ya existe no infringe el copyright del programa original. GNU y Linux imitan algunas funciones de Unix, pero son implementaciones independientes, no copias de otras expresiones. Pero incluso en el supuesto de que la SCO pudiera demostrar que se ha copiado una porción del código fuente de Unix en el núcleo Linux, la demanda por violación de copyright fracasaría, puesto que la misma SCO ha distribuido el núcleo bajo la GPL. Al hacerlo, la SCO ha autorizado a todo el mundo a copiar, modificar y redistribuir dicho código. La SCO no puede echarse atrás ahora y alegar que lo que hizo fue vender el código bajo la GPL garantizando el derecho a copiarlo, modificarlo y redistribuirlo, pero que de algún modo no autorizaba la copia y la redistribución de ningún material contenido en ese código que estuviera bajo el copyright de la SCO.

A la vista de estos hechos, las declaraciones públicas de la SCO son, en el mejor de los casos, engañosas e irresponsables. La SCO se ha beneficiado del trabajo de los colaboradores del software libre de todo el mundo. Sus actuales declaraciones públicas constituyen un abuso grosero de los principios de la comunidad del software libre por parte de un miembro que ha empleado todo nuestro trabajo para su propio beneficio económico. La Free Software Foundation reclama a la SCO que se retracte de sus desacertadas e irresponsables declaraciones y que proceda inmediatamente a desligar sus discrepancias comerciales con IBM de sus obligaciones y responsabilidades con la comunidad del software libre.


Eben Moglen es el asesor general de la FSF y forma parte de su consejo directivo.

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